Allí donde habitan los miedos hay un lugar que parece un oasis, un lugar de calma. El agua es fresca, el sol es suave y el corazón queda hueco, en paz.
Y todo va bien hasta que el hueco se vuelve un agujero negro.
Un agujero que se traga el brillo hecho añicos con el hacha del miedo, incluidos los propios.
A veces es hora de rendirse.
Por eso buscad la belleza y alimentad el alma, tal vez sea lo único que importe en este maldito mundo.
