En todos los desiertos nieva alguna vez.
A veces hay quien camina sin darse cuenta de lo cerca que estuvo de tener el amor para siempre.
Y el universo lo intenta con la danza de la luz de mil estrellas muertas, aprovechando el último resquicio de energía para dar calor a los corazones en recuperación. Pero a veces hasta el bailarín del universo se rinde y, aunque las cuentas le salen, se marcha con sus piruetas a otra parte hasta que la chispa salte o se muera en el invierno del miedo.
A veces el desierto solo es una huida y la belleza un recuerdo que vive en las tumbas del tiempo.
