Las manos hundidas en la arena, con sed de tacto, con recuerdos de la piel que fue un oasis.
La belleza que llora intacta conserva en la memoria las flores del desierto. Las dunas han vuelto, y aunque en todos los desiertos florece alguna vez, el sol quema como queman los recuerdos. Tal vez cualquier oasis sea siempre un espejismo.
