DESIERTO XLIII
De repente caminas lento, la respiración se quiebra y la lluvia se mezcla con la sal de la cara.
La realidad se abalanza sobre el momento como una sombra.
La oscuridad se combate con el último resquicio de belleza arrinconado en la memoria. Todo fue aunque no será, y eso es la felicidad de otro. Y eso tiene que estar bien.
La lluvia puede continuar.
