Llueve en el desierto. Se ve desde la soledad del espacio, desde el eco del vacío eterno. Tal vez el bailarín del universo sonría con nostalgia después de todo, aunque las cuentas no le salgan.
Y el oasis que ya no entiende nada, recibe con alegría la noticia porque el eco de su eterna soledad ha sido escuchado.
A veces, la frontera entre la mayor de las tristezas o la belleza tan solo es una palabra.
